Presentación

¡Escucha valiente lector que te aproximas a las procelosas aguas de este blog! oye el consejo de los Dioses de la red y antes de sumergirte, lee esta entrada que es a la vez carta de navegación y aviso a navegantes

miércoles, 4 de junio de 2014

Esto no es un artículo sobre la monarquía (o casi)

Los medios de comunicación son garantes de la pluralidad democrática, dicen. Imprescindibles en un Estado de Derecho para garantizar la libertad de expresión, derecho sin el cual no es posible la democracia. Vale, ahora los hechos.
Estas son algunas de las preguntas que a mi me hubiera gustado escuchar a raíz de la abdicación de Juan Carlos I, y que no he oído ni siquiera sugerir en NINGÚN medio de los que copan el panorama oficial de creadores de opinión y otras cosas aún más feas:
¿Cómo se resuelve el conflicto entre la monarquía y el Estado de Derecho, que lastra la propia Constitución del 78 con, entre otras, las siguientes contradicciones?:
  • Art 56.3 CE- La persona del Rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad.
  • Art. 57.1 CE -La Corona de España es hereditaria en los sucesores de S. M. Don Juan Carlos I de Borbón, legítimo heredero de la dinastía histórica. La sucesión en el trono seguirá el orden regular de primogenitura y representación, siendo preferida siempre la línea anterior a las posteriores; en la misma línea, el grado más próximo al más remoto; en el mismo grado, el varón a la mujer, y en el mismo sexo, la persona de más edad a la de menos.
  • Art. 485 C.P- Capítulo II. Delitos contra la corona
    1. El que matare al Rey, o a cualquiera de sus ascendientes o descendientes, a la Reina consorte o al consorte de la Reina, al Regente o a algún miembro de la Regencia, o al Príncipe heredero de la Corona, será castigado con la pena de prisión de veinte a veinticinco años.
    2. La tentativa del mismo delito se castigará con la pena inferior en un grado.
    3. Si concurrieran en el delito dos o más circunstancias agravantes, se impondrá la pena de prisión de veinticinco a treinta años.
EN ABIERTA CONTRADICCIÓN CON (según la humilde opinión de un servidor):
  • Art 14. CE- Los españoles son iguales ante la Ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social.
  • Artículo 23. CE
    1. Los ciudadanos tienen el derecho a participar en los asuntos públicos directamente o por medio de representantes, libremente elegidos en elecciones periódicas por sufragio universal.
    2. Asimismo, tienen derecho a acceder en condiciones de igualdad a las funciones y cargos públicos, con los requisitos que señalen las Leyes.
  • ART. 103.3 CE 3.- La Ley regulará el estatuto de los funcionarios públicos, el acceso a la función pública de acuerdo con los principios de mérito y capacidad, las peculiaridades del ejercicio de su derecho a sindicación, el sistema de incompatibilidades y las garantías para la imparcialidad en el ejercicio de sus funciones.
Esto respecto al capítulo positivista. 
También me hubiera gustado muchísimo que ante algunas afirmaciones muy locas de tertulianos primos hermanos del maestro Liendre*, alguien con un poquito de inquietud pusiese encima de la mesa -tímidamente me valía, sin siquiera alzar la voz-,  algunas objeciones que seguro que son muy demagógicas, pero es lo que tiene la libertad de expresión, el pluralismo, la democracia y la madre que parió a Panete. Cuando se dice que Felipe de Borbón esta preparadísimo (qué clase de argumento de mierda es éste?) ¿por qué nadie en el espectro radiotelevisivo se plantea que nos ha jodido mayo, no va estar preparado un señor que ha tenido todas las oportunidades del mundo, las merezca o no? (para el principito se creó hasta un plan de estudios especial). Pero la pregunta realmente era: ¿el príncipe esta preparadísimo en comparación con quién?
Cuando se argumenta que el rey es garante de la unidad institucional y de la estabilidad, hubiera sido de lo mas guay que desde el fondo de la mesa se hubiera oído: ¿qué opinan los catalanes y los vascos del rey como garante de la unidad? Luego también está el que se nos infantilice hasta el punto que necesitemos un garante o incluso un “referente de ejemplaridad” (esta me hace mucha gracia), gracias señor Felipe, pero si necesito un referente ya tengo a Carl Sagan.
Luego resulta que es necesario que el Jefe de Estado vaya por el mundo cerrando negocios con países de dudosa legitimidad democrática, y para que su labor sea fetén tiene que haber sido puesto ahí por línea consanguínea, sin estar preparadísimo ni nada, mire usted, a golpe de amiguete y campechanidad. Aquí me hubiera conformado con un modesto ¿por qué y para quien? Pero eso es pedir demasiado. Supongo.
Y así con todo, en cada canal de televisión (con honrosas excepciones como la del Wyoming), en cada emisora de radio, en cada periódico de tirada nacional. Mención especial a la supuesta ala izquierda de los medios, que, como Rubalcaba, han hecho una vergonzosa exhibición de lamido de nalgas real, defendiendo como si no hubiera un mañana la conveniencia de la monarquía y lo absurdo de un referéndum sobre la jefatura de estado, sin ser ellos nada de eso. Hablo de la SER y del País bajo la batuta de Juan Luis Cebrián. Si estos son los progresistas estamos aviados.

Papa súper-renovador. Lo dice la SER. Getty Images

En cualquier caso la ofensiva monárquica seguramente forme parte de un plan más ambicioso para lavar la cara a las instituciones, un cambiarlo todo para que todo siga igual. Habrá que ver hasta que punto la ciudadanía comulga con ruedas de molino o se plantea dónde carajo esta exactamente el cambio de Don Juan Carlos a Don Felipe, más allá de los años que acumulan. Pensar que Felipe supone una renovación porque pertenece a otra generación, obviando su estatus, privilegios y legitimidad democrática, es una tomadura de pelo del tamaño del cardado de doña Sofía.
Decía José Luis Sampedro que sin libertad de pensamiento la libertad de expresión no tiene ningún valor. Para que exista libertad de pensamiento uno debe tener información suficiente para crearse una opinión. El gran engaño de esta democracia de feria es limitar los términos del debate, plantear solo aquellas dicotomías tolerables al régimen, expulsar del foro público los planteamientos agresivos al sistema. El derecho de expresión esta garantizado, sí, pero no se puede expresar aquello que no se conoce, aquello que ha sido excluido de los términos del debate. Cuando un cuerpo extraño amenaza con cuestionar el orden establecido se le anatemiza, se le califica de antisistema, de residual y testimonial, de subcultura o directamente se agitan los miedos atávicos y se le viste de populismo, de radicalismo o directamente de terrorismo.
En eso consiste lo que se ha llamado Cultura de la Transición. Esa que intentan apuntalar desesperadamente los que viven de ella con las cartas marcadas. De nosotros depende dejarnos engañar de nuevo o volver a repartir.

* que de todo sabe pero de nada entiende

lunes, 24 de marzo de 2014

La rendición de los urbanitas


Hasta hace poco yo era un orgulloso urbanita como vosotros, aspiraba el humo de los coches con delectación y te restregaba mi cosmopolitismo por la cara a la mejor ocasión. Madrileño de Lavapiés, ahí es nada, pata negra. Pero ser guay amigos no es tan fácil, conlleva unas responsabilidades y unos posicionamientos. Hay quien se entrega a ellos con pasión desaforada cual Rosarito Flores en la voz Kids, pero algunos, Ay!, no tenemos esa pureza en la mirada y se nos hace difícil compartir el entusiasmo de ciertas posturas que serán comprometidas, solidarias y transversales –no lo dudamos- pero que también tienen un alto contenido en postureo y sobre las que tengo ciertas dudas que paso a intentar explicar a continuación.
Sea como fuere, durante mi vida en Lavapiés y como responsable de una criatura, me las vi para sacar al infante a algun espacio no asfaltado y al final de un trayecto que no supusiese esquivar manadas de turistas japoneses y atravesar un paso de cebra que podría ser una prueba de humor Amarillo (a veces uno tiene la sensación de estar entre un pelotón de fusilamiento en los pasos de cebra). A pocos metros de casa apareció la solución: los vecinos se habían hecho con un descampado cedido por ayuntamiento para crear un parque autogestionado.
Aclaremos algo, soy defensor incondicional de la movilización ciudadana y pasando por alto que el descampado es feo como sólo un descampado puede serlo, la iniciativa me parece genial y debería haber más gente como ésta que presta su tiempo y su inteligencia al servicio de la comunidad.
Dicho esto no puedo evitar que todo este movimiento me deje un regusto a rendición, a abandono. Soy un romántico que aún considera vigentes los postulados de Rousseau, que aún cree en el contrato social y en lo público como la verdadera riqueza de los desheredados. Creo en los parques públicos. Y creo en la política como voz de los que no tienen otros medios para hacerse oír. Cuando veo espacios como “esto es una plaza” me pregunto porque se ha creado un parque desde un colectivo que intenta representar los legítimos intereses del barrio, cuando deberían reclamar lo que es suyo: el ayuntamiento y su obligación de hacer parques públicos.
Sin embargo se cede al enemigo el terreno; estos ya no son nuestros parques ni nuestra política, así que nos hacemos nuestros propios parques, más cutres, peor equipados y que debemos mantener nosotros. No sé como se puede inquietar así a la administración, abandonando cualquier pretensión de hacerla propia y entregándosela a los cafres que ahora nos gobiernan.
Dos son las contestaciones a lo que aquí planteo: la primera, y mas obvia, es que este sistema es sordo y ciego y esta más preocupado por volar los puentes que unen la ciudadanía con la política que en devolverla a sus legítimos dueños. Es cierto, pero eso sólo significa que la lucha es más difícil, no que haya que abandonarla. La segunda partiría de unos postulados políticos que sin bien no desprecio, no comparto: si lo que se pretende es acabar con el Estado y autogestionarse, la vieja tradición anarquista que aun colea, nos llevamos el debate a otra parte, pero no tengo tanta confianza en el ser humano como para apoyar la idea.
Lo que aquí ejemplifico con un parque tiene su reflejo en muchas manifestaciones del pensamiento progresista en España: Las críticas contra la inutilidad del Senado arrecian con argumentos de tal calado que nadie podría defenderlo. Sin embargo yo siempre me he preguntado por qué no en vez de eliminarlo, se refunda para el cometido para el que se creo y que nunca se le dejó tener: el de la representación territorial frente a la política que detenta el Congreso.
Esa misma pátina de aparente rebeldía se cuela en movimientos como el crowdfounding que aquí se despelleja sin piedad. (Aunque he de decir que no comparto toda la inquina que vierte el autor).
En definitiva, y como si de una asamblea del 15M se tratara, propongo no ceder un centímetro de lo público en vez de fundar un estado paralelo, reconquistar (si es que alguna vez fueron nuestras) las instituciones, restituirlas en su valor originario si lo tienen; antes de dar por desahuciado al enfermo habría que intentar atajar la infección.

lunes, 16 de diciembre de 2013

La belleza de la mente humana intentando no hacer catacroker


Una de mis escenas favoritas del Padrino es cuando Marlon Brando, mientras juega con su nieto en un tomatal, muere de viejo en su plácido retiro. La escena es neutral, casi aséptica, desposeída de cualquier heroicidad o sentimentalismo impostado. Don Vito es aquí un abuelo feliz con su nieto, la encarnación del amor filial y la ternura. Solo la cara deformada por la rodaja de limón introduce una sospecha de que hay algo siniestro en todo esto. Nosotros lo sabemos: don Vito es un cabrón con pintas, un ser humano que durante toda su vida ha extorsionado, asesinado y chantajeado para lucrarse sin escrúpulos.
La pregunta que se nos plantea entre tomates en una cálida tarde de verano es la siguiente: puede este monstruo albergar ternura y amor sincero? Pueden convivir en el mismo ser humano la falta de empatía con el nieto del vecino y el amor incondicional por el propio? Posiblemente si.
Algo huele a podrido en Dinamarca

No existen los malos redondos, sin fisuras, de una maldad inmaculada en definitiva, no existen los malos de Van Damme, existen los Don Vitos y los Tonys Soprano que sufren ataques de ansiedad ante la vorágine moderna. Hasta al más sanguinario de los dictadores se le salta una lagrimita con los Puentes de Madison o se desvive por su perro. También es muy humano considerar al enemigo como el compendio de todos los males: el enemigo disfruta atropellando viejas, le huele el aliento y seguro que se recrea en los discos de Bustamante. Esta deshumanización del contrario es la salsa de todas las guerras y el boomerang que alimenta odios de todos los colores, y no hay gobierno que no se haya aprovechado de ello echando leña al fuego.
Como cinéfago que soy, de mis miles de horas de vuelo frente a pantallas de distintas pulgadas he extraído la enseñanza de que, por muy en contra que estemos de la opinión de algunos, es muy posible que en su fuero interno ellos crean que están haciendo lo correcto y que no coman niños en orgías satánicas.
Vale, entonces me diréis: ¿como se explica este guiso que están haciendo entre el gobierno, los banqueros, la CEOE, la eléctricas, el FMI y el Sursum Corda si no es con pura maldad?.
Ni puta idea, os respondo angustiado. Llegados al punto en el que nos encontramos, con una guerra abierta contra la decencia, estoy al borde de rendir mi beneficio de la duda. Que unos señores que tienen mucho, arruinen la cosa pública para justificar su privatización y luego se sienten en el consejo de administración de la empresa beneficiada, parece el argumento de una peli mala, donde el héroe acaba desenmascarando al malvado político mientras besa niños en una cena de recaudación de fondos para el partido. Pero que lo desenmascare y no solo no huya atravesando una ventana con trágicos resultados, sino que se detenga al denunciante por terrorista es de un sadismo del que no es capaz ni Lars Von Trier con almorranas.
No puede ser, tiene que haber otra explicación. Porque la teoría de una macro conspiración de policías, jueces, profesores, médicos, funcionarios, periodistas y amas de casa de pelo naranja, sin duda reclutados por la más brillante mente criminal que ha visto el mundo bajo las siglas S.S.D.A.G.I.D.C.P.E. (Sociedad secreta para desprestigiar al gobierno e instaurar la dictadura del proletariado en España) que este tergiversando la realidad mostrándonos como  desalmados a sufridos benefactores de la sociedad, nos devuelve al cine más palomitero.
¿Puede ser que la avaricia haya triunfado definitivamente? Y si es así, ¿cómo han fallado todos los mecanismos de la conciencia de los que se han entregado a ella con frenesí? En definitiva: ¿qué ha pasado para que ni siquiera nuestros malos estén a la altura del cine de Coppola? ¡qué digo Coppola! ¡Ni de un modesto Christopher Nolan!
"hay hombres que no buscan nada lógico, como dinero. No puedes comprarlos, intimidarlos, convencerlos, ni negociar con ellos. Hay hombres que solo quieren ver arder el mundo", Joker, delincuente honesto pero poco poliédrico.

Es en estos momentos de desamparo en los que uno se siente perdido y desconcertado donde echo mano de EL LIBRO en busca de respuestas: El origen de las especies del bueno de Charles Darwin es mucho mas que un tratado de biología, la poderosa idea que encierra es capaz de explicar muchas mas cosas que la forma de los peristilos de una petunia salvaje. Pero aun mejor es su versión depurada: El gen egoísta de Richard Dawkins. Para Dawkins es el gen y no la especie el verdadero objeto de la supervivencia y nosotros no seríamos más que “máquinas de supervivencia” de genes que han evolucionado hacia formas cada vez más complejas para adaptarse al medio.
Transplantado este razonamiento al mundo intangible, existen ideas que son capaces de transmitirse como un organismo vivo luchando por su sobrevivir en un entorno al que han adaptarse, un entorno que en este caso es la cultura cambiante, que en algún momento las amamantó. El mismo Dawkins acuñó el termino meme –que tiene su raíz en el vocablo anglosajón gene- para referirse a estas unidades de información cuya supervivencia también se rige por el mecanismo evolutivo de adaptación al medio.
Si aceptamos que una avaricia voraz esta detrás de las decisiones de nuestros malos, podría ser útil observar su comportamiento a la luz de las teorías evolucionistas: la avaricia como meme que necesita “maquinas de supervivencia” ideológicas para sobrevivir en un ecosistema cultural agresivo y hostil. Estas máquinas de supervivencia intelectuales no serían más que justificaciones a una conducta reprobable, razonamientos cuyo ingrediente principal no es la búsqueda de la verdad sino el acallar conciencias, resistir los envites de la revolución ética que han experimentados nuestras sociedades desde la ilustración.
Ilustrativo de lo que intento decir es esta joya de tuit, respecto al sesión especial del Congreso en agosto de 2013 con motivo de las mentiras de Rajoy respecto al caso Bárcenas:
“Os extraña que haya gente que asegure que Rajoy ganó. Pero sólo demuestra lo bella que es la mente humana intentando no hacer catacroker” @medicblasto  
Hablamos en definitiva de la coartada ética que justifica el expolio de los más débiles y los supremacía de una casta de privilegiados. (donde digo casta digo estirpe, como defiende un delirante Rajoy en estos articulos publicados en el Faro de Vigo y donde confunde igualdad biológica con igualdad jurídica, filosófica o cualquier otra que quieran ustedes pensar, la criatura. Otro día comentamos lo anecdótico de tener un presidente del gobierno con un pensamiento peligrosamente afín a la supremacía de la raza). Ahí han estado siempre la religión sacando bajo palio a dictadores por la gracia de Dios o la criminalización de los pobres por vagos, los pueblos elegidos (y no hay pueblo que no se haya creído el pueblo elegido), la obediencia debida, la fatalidad del destino y otros mecanismos de anulación de la culpa.
Es este un argumento de ida y vuelta, no quiero caer en la arrogancia de pensar que esta autojustificación no se aplica al que suscribe, que tendrá sus fobias y sus manías como todo el mundo y que seguro que me susurran al oído lo bien razonadas que están y lo equivocado que está el resto del mundo. Pero nunca me acabó de convencer el posmodernismo por no ser yo dado al glamour académico, y para ligar confié mas en tocar la guitarra que en dármelas de intelectual, así que confío en poder defender mis argumentaciones sin malcriarlas. Al menos yo no he robado a los pobres para dárselo a los ricos.


lunes, 18 de noviembre de 2013

La terrible secta de los literales


Hay un viejo mantra que reza que uno solo es capaz de razonar hasta donde es capaz de expresarse. Supongo que semejante afirmación tendrá su respaldo científico en alguna rama de la semiótica, la neurocirugía o la sicología experimental, también su correspondiente argumentación en contra. Es una reflexión seductora y su eco es muy fácil de identificar en la realidad. Es de esas cosas que se confirman en cualquier reposición del callejeros

Sin embargo podemos estar ante una frase a 0,60 € de las que canta Ojete calor, yo por lo menos he sido víctima de algún callejón sin salida semántico, donde la evidencia tangible escondía otra realidad más huidiza que no encontraba su materialización en el lenguaje. Es más, aquel servía para ocultarla y negar su existencia, cual rueda de prensa posterior a un consejo de ministros.
Por eso al pequeño intelectual gafapasta que llevo dentro se le iluminó la carita cuando, por casualidad escuchó lo siguiente: el mensaje ES el contexto. Sé que la frase original, pronunciada por Marshall McLuhan, es el mensaje es el medio, pero a mi la idea me llego así y yo la prefiero. De repente se añadió una nueva dimensión a mi relación con la realidad. Ya no es que no dependiera únicamente de la capacidad de expresarla, es que cambiaba la materia de que está hecho el pensamiento y su traducción al lenguaje.
Miremos el mundo bajo el nuevo prisma y verán como se explican muchas cosas que antes lográbamos intuir, pero que se resistían a cobrar forma bajo la tiranía de la palabra desnuda, sobre la que se apoyaban nuestras argumentaciones.
Ustedes saben, como yo, que la bandera de España es un símbolo que representa la nación española, y que, siendo generoso, aúna la identidad de lo español. Bien. ¿A que el mensaje que ustedes perciben al ver la bandera en el cuello de un polo Ralf Lauren vestido por un varón de mediana edad a los mandos de un Porche Cayenne circulando por la calle Serrano difiere notablemente de la misma bandera impresa en la camiseta de la selección española no oficial que luce desgarbada sobre un inmigrante nigeriano que vende imitaciones de bolsos de TOUS huyendo de los municipales por la calle preciados? Es la misma bandera si, con su unívoco mensaje, pero intuyen que hay algo más: ustedes reciben informaciones casi opuestas! 
Misma marca, diferente mensaje: la magia del contexto (Nota: al autor le fue imposible encontrar una imagen de un inmigrante con la camiseta de la selección española, aunque puede jurar sobre el rosario de su madre que tal circunstacia la ha visto con sus propios ojos)


Apliquemos nuestra formula y Hop! Todo cobra sentido ahora! En ambos casos el mensaje expreso se contradice con el tácito; el mensaje es realmente el contexto! en un desprecio a las instituciones (en el segundo caso) que Gallardón no dudaría en hacer punible si fuera capaz de captar la sutileza del asunto. 
Del mismo modo, ustedes saben que la afirmación “No me pasa nada” puede esconder terribles implicaciones.
Tampoco es que haya descubierto la pólvora, llevamos leyendo entre líneas de forma intuitiva desde los albores de la especie, aunque la formulación radical de McLuhan es reveladora por descorrer el velo que dividía lo tácito de lo evidente y demostrar que es lo primero, y no lo segundo, el meollo de la cuestión: pesa más lo que no se dice que lo dicho.
Claro que no todo el mundo quiere enterarse. Existen guardianes de la literalidad, ¿acaso son congéneres privados de la facultad de entender el contexto? alguno habrá, pero me temo que es mas turbio cómo y de que manera que cantaba Serrat. La literalidad, para estos sujetos, es un arma de propaganda Orwelliana, una trinchera que oculta una realidad incómoda. Un látigo de siete colas con la edición en tapa dura del diccionario panhispánico de dudas en cada punta. Un miembro de la secta literalista creerá en la bandera como símbolo sagrado e inequívoco sin atender a la circunstacia y despreciará por igual aquellas otras que no respeten la literalidad del artículo 4 de la Constitución Española, da igual que sea la de los Tirios que la de los Troyanos.
Que quieren que les diga, yo le he cogido un poco de tirria a la bandera rojigualda. Alguno me tachará de antipatriota, de perroflauta e incluso de antisistema radical. Y no es que la combinación de colores me resulte poco afortunada ni que me haya aliado con la pérfida albión, tampoco soy fan del nacionalismo separatista, es que, como admirador del mosaico de matices que nos ofrece la circunstacia, veo muchos mensajes que no me agradan detrás de una simple tela de colores. Incluso cualquiera diría que un sector muy determinado de la sociedad, de ideología y poder adquisitivo reconocidos, se ha apropiado de la bandera como signo identitario.
Si quieren lo discutimos, pero por favor, teniendo en cuenta los particulares del mensajero.

martes, 22 de octubre de 2013

De John Lennon al tribunal de Estrasburgo


Durante bastante tiempo de aquel 2001 todo estuvo impregnado por el humo del 11 de septiembre. Como si las cenizas se hubieran posado no solo sobre las calles de Nueva York, sino sobre las conciencias de los habitantes del planeta entero. Y durante bastante tiempo también esa ceniza mantenía todo en un estado catatónico, borroso, que impedía ver el alcance real de los atentados. Todo el mundo intuía la enormidad de sus consecuencias, pero la manera en que cambió los detalles más ínfimos de la existencia la descubriríamos poco a poco durante muchos años.
El caso es que durante el primer mes respirábamos un ruido sordo, infranqueable, que eclipsaba todo detrás del 11 S. De aquel muro que nos pasó por encima yo recuerdo una noticia que me llamó la atención. Recuerdo incluso que la oí mientras conducía: varias radios estadounidenses habían vetado la emisión de Imagine de John Lennon por considerarla , bueno no se muy bien que pensaron esos señores, pero supongo que inapropiada o antipatriótica o alguna estupidez por el estilo.
Y pensé: “si eso es cierto, han ganado. Esta noticia es una rendición al terrorismo en toda regla”.  La verdad es que se trataba de una lista de canciones que las emisoras se abstenían de programar voluntariamente, pero solo su existencia me avergonzó. (Nota para la reflexión: sentir como propia una derrota de Estados Unidos y del Occidente en general). Más tarde George Bush confirmaría los peores temores con la Patriot Act.

George sigue sin entender nada y le va bien

Al igual que un signo equivocado en una ecuación compleja invalida el resultado final, por muchos cálculos que conformen su desarrollo, la conculcación de los Derechos Humanos tira por tierra toda la construcción del Estado de Derecho. Del mismo modo, la horadación de cualquiera de los tres pilares lo sostienen -sometimiento a la ley que emana del pueblo, único repositorio de la soberanía nacional, la separación de poderes y un listado de derechos que son infranqueables- convierte la democracia en una pantomima.
Los Derechos Fundamentales son la línea roja que no se ha de rebasar aunque la mayoría estuviera de acuerdo en legislar en contra. Son la consecuencia inevitable de que, como creo, todos los hombres nazcamos libres e iguales y provistos de dignidad.
Esta arquitectura, esta casa, es lo que habría de llamar mi patria. Su respeto escrupuloso se ganaría mi orgullo y ser español sería motivo para ir con la cabeza alta si ello equivaliese a un verdadero estado de Derecho. Esta España de misa, toros, ladrillos y emprendedores coreando a la selección española esta muy lejos del patriotismo que pretendo,  que además no es excluyente sino exportable, hasta el punto de dejar sin sentido el territorialismo en el que tradicionalmente se fundamenta. Mi patria es aquella idea, que la quiero tanto para mi país como para todo el mundo.
Pero el asunto es más grave que todo eso. España es uno de los países donde el Estado de Derecho ha sido más salvajemente prostituído en dos frentes: en la lucha contra ETA y en la ocultación de los casos de corrupción de los principales partidos políticos.
En la lucha contra ETA en este país ha valido todo, y eso, al igual que sucedió con el 11S, supone una prematura derrota. No se puede luchar contra quienes no respetan el Estado de Derecho saltándose a la torera el Estado de Derecho. No se puede torturar, violar los mas básicos principios de derecho procesal, como la irretroactividad de las normas penales, ni crear una legislación especifica que limita derechos fundamentales a medida de determinadas personas. Hemos llegado al extremo de crear un organismo, la Audiencia Nacional, heredera del franquista tribunal de Orden Público, cuya especial idiosincrasia y jerarquía es determinada por la materia a juzgar, que en su origen fue la de terrorismo, contraviniendo el principio del juez natural.
La sentencia del tribunal de Estrasburgo de Derechos Humanos sólo ha dicho lo evidente: que hay Derechos Humanos que se están violando y que no se puede consentir.  Todos los sectores conservadores del país han puesto el grito en el cielo. Si cuestionas la separación de presos o la doctrina Parot se te tacha automáticamente de filoetarra, a la vez que se apela al discurso hiperemotivo del dolor de las víctimas. Además de demagógico es de una cochambrez moral insultante. Es también rayano en la esquizofrenia la defensa a ultranza de la seguridad jurídica por parte del espectro cavernario a la vez que se traga con todas estas ruedas de molino.

Períódicos españoles haciendo el ridículo

Solo una mentalidad muy mezquina confunde la defensa de los Derechos Humanos -sin excepción- con la aprobación de los actos terroristas. Es justo lo contrario: ceder un ápice en la batalla por los derechos es una victoria de quienes no los respetan, porque el fin nunca justifica los medios.

Bola Extra: pese a los esfuerzos de aquel directivo bienintencionado pero con una peculiar visión del mundo libre, Imagine conoció una segunda juventud tras el 11S, convirtiéndose en himno de quien oponía a la barbarie los ideales a los que canta la canción, como el fuerte que realmente se debía defender de los extremismos, como el objetivo hacia el que debe tender el avance del ser humano, como, en definitiva, el objetivo que realmente quieren tumbar los poderosos, estén en el bando que estén. Neil Young lo tuvo muy claro en “A Tribute to Heroes”, un programa de estrellas para recaudar fondos para las victimas, emitido el 21 de septiembre.


jueves, 10 de octubre de 2013

Reflexiones de un padre novato


Hay un salto evolutivo –o involutivo, según se mire-, en la vida de algunos seres humanos: el momento de crear descendencia. No está en mi intención despreciar a quien, con un criterio deudor de todo respeto, decide no pasar por la paternidad. Es una opción valida y en algunos casos muy razonable. Pero como soy uno de los que si que dieron el paso, puedo asegurar que toda tu vida sufre tal terremoto que apenas si se pueden distinguir los restos de la vida pasada después del seísmo.
Tener un hijo –y apenas llevo un año en el oficio- es una tarea abrumadora para la que nunca se está suficientemente preparado. A mi me desborda por todos los frentes y acaba convirtiéndose en un juego de malabares con copas de cristal donde siempre hay una a punto de dar con el suelo. Yo reflexionaba circunspecto, antes de tener a mi hijo, que debía dar el paso sólo siendo consciente de la enorme responsabilidad que se me venía encima. No tenía ni idea. Pero ni idea.
La cuestión es que ya parece que la criatura no solo ha sobrevivido, sino que se cría que da gloria verlo y las primeras –y mas primitivas- preocupaciones empiezan a dar paso a otras más “espirituales”, y empleo la palabra espirituales encerrándola entre comillas por que me es muy antipática y no quiero que el olor de sus connotaciones impregne mis razonamientos. Más que espirituales prefiero intelectuales.
De un tiempo a esta parte el intelecto de mi pequeño asoma con cada vez más frecuencia. A veces en forma de sentido del humor, a veces como razonamiento lógico, a veces asociando ideas, lugares u objetos. Es fascinante y emocionante al mismo tiempo. Cuando se trataba de alimentar, cambiar pañales y evitar que se estampe contra el suelo la tarea es cansada, pero en general uno sabe que ha de hacer, o al menos cual es el objetivo (que este bien alimentado, que este limpio, que este sano, que no se estampe, el cómo ya es otro cantar), pero cuando eres repentinamente consciente de que en tu mano esta también malear la personalidad de este pequeño ser humano empiezan a sudarte las manos; no solo no sabes cómo se hace, es que no sabes adonde quieres llegar. O al menos no lo tienes tan claro.
Sí, es cierto que un porcentaje enorme de su personalidad viene determinado por su genética, pero es evidente que tú vas a ser una influencia determinante en el desarrollo de una persona, aunque solo sea porque, al igual que te ocurrió a ti con tu padre, muchas de sus decisiones van a estar encaminadas a buscar tu aprobación, como si tu criterio fuese más pesado que cualquier otro.

Luke sopesando el peso de la paternidad frente a la fuerza de la gravedad

Entonces es cuando te das cuenta de que la mayoría de las decisiones encaminadas a educar a tu hijo son fruto de la improvisación, están guiadas por criterios vagos pero inconexos y aunque se van hilando en eso que llaman tener sentido común, no existe un plan maestro que aporte solidez a nuestras decisiones y lo que es más grave: no hay un destino claro a donde queramos llegar. La pregunta en definitiva que nos asalta como el bandido Fendetestas en mitad del bosque es: ¿qué persona quiero yo que sea mi hijo?
Por supuesto yo quiero que mi hijo sea feliz y que busque su propio camino. Pero decir eso y nada es lo mismo.  La felicidad es uno de los conceptos más sobrevalorados de la humanidad por hueco, no aporta nada productivo a la discusión. Pero si que tengo claro que mi misión como padre es que alcance el mayor grado de independencia posible en todos los campos, emocional, ideológico, físico y económico. Ya tenemos algo, aunque sea a costa de que un día se vaya de mi lado.  También quiero que sea buena persona, y de nuevo me veo desbordado por el concepto. Solo tengo un punto de arranque: no le hagas a los demás lo que no te gustaría que te hiciesen a ti.  
Por otro lado la elección de cualquier modelo sería necesariamente reduccionista, la complejidad de cualquier persona sobrepasa con mucho nuestra capacidad de sintetizar. Buscaríamos una referencia en una construcción falsa y que apenas trazaría los contornos de las luces y las sombras de el mas simple de nuestros congéneres.
La mitad de la colosal tarea de hacer de mi hijo una persona completa y libre será llevada a cabo por otros en la escuela, el instituto y la universidad. Hay quien dice que mi tarea como padre es educar al niño y la de la escuela es enseñar. No me parece mal, pero la frontera entre ambas cosas no me resulta tan diáfana.
Desde pequeño en mi casa se ha tenido en muy alta estima la cultura, hasta el punto que ha servido como causa de diferenciación social, de “categoría” o de referencia moral. Sin embargo ni siquiera la supuesta élite cultural de este país –de la que he tenido noticia de primera mano- está a salvo de las mas bajas pasiones. Mientras se me inculcaba el amor por la cultura he podido comprobar que la acumulación de conocimientos no lleva aparejado ser mejor persona ni tener razón. En el otro lado de la moneda he conocido gente humilde con arraigados principios éticos cuya sencillez no les restaba un ápice de sabiduría. Todo ello me ha hecho replantearme la ecuación que asocia nivel cultural con categoría humana.
Las medallas dicen "soy lo más de la élite" pero las patillas dicen "vivo la vida a tope"

Y sin embargo pienso que la cultura es imprescindible para construir personas.
Pero la cultura no solo es acumulación de conocimiento, ni agilidad mental para el cálculo, ni tampoco la capacidad de relacionar ideas lejanas, reconocer y valorar estilos artísticos o tener una extrema sensibilidad para la música barroca, que también. Hace poco leía que la intelectualidad más erudita a principios del siglo XX era la alemana y ya ven.
¿Entonces que es lo que aporta “categoría humana” a una persona? ¿Que le hace mejor persona en definitiva? Muchas nuevas pedagogías han intentado dar respuesta a estas preguntas, todas ellas por oposición al modelo de acumulación de conocimientos de forma acrítica y por la apuesta por áreas de conocimiento de carácter más abstracto (inteligencia emocional, capacidad de asociación, etc.…).
Sin ser ningún experto en la materia, mi impresión sobre estas nuevas pedagogías –y partiendo del hecho de que son necesarias como lo es cualquier debate sobre cualquier materia- me plantea dos cuestiones: en primer lugar la oposición al sistema “antiguo” que podría negar sus posibles bondades; a veces memorizar datos también es necesario y el esfuerzo, piedra de toque de las mentalidades más conservadoras, es, desgraciadamente, un camino que ha de transitar cualquiera que pretenda evolucionar. La segunda es el quid de la cuestión. Todas las teorías de la nueva pedagogía inciden en la construcción de un ser humano libre y en el desarrollo del espíritu crítico del individuo. Y no podríamos estar más de acuerdo, pero tengo la impresión de que no hemos resuelto la incógnita.
Enseñar a pensar podría ser el resumen del ideario que nos une a mi y a la nueva pedagogía. Pero al mismo tiempo una duda terrible cobra forma en mi pensamiento. Quienes tal cosa pretenden, los teóricos, los maestros con vocación, yo mismo, ¿sabemos realmente pensar?, ¿nos consideramos seres plenamente autoconscientes y libres en nuestras decisiones con cerebros a prueba de supersticiones acientíficas armados con un envidiable pensamiento crítico? ¿Tenemos en nuestro ajuar un arsenal de conocimientos que nos permiten tomar las mejores decisiones? ¿Quien que conozcamos podría considerarse un éxito del sistema educativo?
La respuesta a todas estas preguntas son las mismas preguntas.
Divagando sobre el tema quise pensar en alguien que representase para mi todas la cualidades que debe tener un ser humano. Un nombre me vino a la cabeza: Carl Sagan. No se me ocurre un hijo de quien un padre pudiera estar más orgulloso. Deseé poder mirar por un agujerito la infancia de Sagan, robar la fórmula mágica que sus padres encontraron para construir tan espléndido ser humano. Busque entre sus biografías alguna pista. Como era predecible no fue de gran ayuda; Sagan procedía de una familia de judíos liberales humilde que emigró a Nueva York. Solo había un dato cualitativo que todas las biografías, sin excepción, consideraban digno de ser mencionado: ambos padres promovieron la natural curiosidad insaciable del muchacho.
La curiosidad, pensé, esa es la clave. Preguntar sin parar, cuestionar y ser consciente de la inmensidad de cosas que aun desconocemos. Esa modestia es quizá la pieza que encauza la cultura hacia la ética. La que hace personas cultas y por tanto independientes y por tanto libres buenas personas.
No quiero que mi hijo sea Carl Sagan, por mucha falta que hagan más como él, quiero que sea curioso y que pregunte. Y no le quiero decir que lo se todo, sino que hay muchas cosas que no sabemos y muchas mas que yo no se, pero a las que quizá él, en un futuro, sepa dar respuesta.

viernes, 20 de septiembre de 2013

El increíble hombre burbuja


Poco después de la masacre de Breivick en Noruega me encontraba yo cenando en Roma con unos amigos (se que la referencia a Roma es innecesaria pero yo también me las quiero dar de viajado). Había trascendido la noticia de que el asesino tenía tendencias ultracatólicas y de extrema derecha. El tema sirvió de sobremesa, y yo, ácrata e imprudente, lance sobre el mantel este detalle, que fue recogido como un guante por mis interlocutores que profesaban la fe del Vaticano. Rápidamente se afanaron en desvincular las posibles motivaciones religiosas del psicópata con sus actos. Ahí comprendí que me metía en un jardín de consecuencias imprevisibles y la estancia en Roma estaba siendo agradable, así que reculé, pero no pude resistirme a dejar la firma del zorro. Quise zanjar el tema con la frase del premio Novel (si, caí en la falacia de autoridad, mea culpa) Steven Weinberg:
Con o sin religión siempre habrá buena gente haciendo cosas buenas y mala gente haciendo cosas malas. Pero para que la buena gente haga cosas malas hace falta la religión.
Fue una retirada en falso, ya que encendió un poco los ánimos. Mis interlocutores optaron por la defensa de la diferencia, viniendo a decir que las cosas malas se dan en el Islam y otras religiones de salvajes, pero que el cristianismo es la buena, la pata negra, la civilizada, prácticamente la cuna de la democracia y la garante de los derechos humanos. Vamos que el Papa no se había inventado la alianza de civilizaciones porque eso es una cosa de socialistas.
Quise argumentar que la base teórica de todas las religiones sin excepción es exactamente la misma y que si en occidente hemos tenido algún conato de democracia ha sido a pesar de la religión y no precisamente gracias a ella, pero afortunadamente, el camarero vino a por la comanda y la sangre no llegó al río.
He venido comprobando que este razonamiento donde el individuo piensa que las cosas pasan en otro sitio o en otra época esta asombrosamente extendido entre nosotros; este “pensamiento burbuja” es aquel que excluye cualquier conflictividad de nuestro entorno y crea una sensación de falsa seguridad, de continuidad y estabilidad ad aeternum que no resiste el más mínimo análisis crítico. En algunos casos, los logros conseguidos se tienen como inmutables, en otros el pasado ignominioso es una nebulosa que no puede regresar. Hay veces en los que una inexplicable configuración genética impide que nosotros caigamos en barbaridades que sólo pasan en el extranjero. Aquí eso no podría pasar, ahora las cosas son muy distintas… 

Pobreza? en el siglo XXI? en España?  no lo creo

Para el burbujista la policía torturaba, si , pero eso era antes, ahora los guardias civiles son amables ciudadanos que te ayudan si tu coche se avería. Para el burbujista todo el aparato de la dictadura se evaporó allá por el 75 y todo se volvió respeto a los Derechos Humanos y a la convivencia. Para el burbujista quien defendía ferozmente las leyes fundamentales del Régimen acata, sin asomo de paradoja, la Constitución del 78 y forma parte, con total normalidad democrática, del partido en el gobierno.
Últimamente han reaparecido en las noticias muchas manifestaciones de carácter indiscutiblemente fascista. No se lo llamamos nosotros, los protagonistas de estos actos llevan a gala tal denominación y reivindican el fascismo con descaro. Para el burbujista, este fenómeno es una anomalía despreciable, algo que pertenece al pasado y a países menos desarrollados (como Grecia). Una pincelada pintoresca en el apacible cuadro que surgió de la Transición –verdadero mojón de la historia de España que marca el inicio del antes y el ahora, de la España moderna, democrática (y aún católica) y la barbarie anterior y exterior-
Yo, desconfiado que es uno, estoy bastante alarmado con lo que veo y por lo poco que conozco la condición humana, tengo miedo de que sea cierto aquello de que quien olvida su historia esta condenado a repetirla. Al fin y al cabo solo han pasado 76 años desde que nos matamos los unos a los otros en este país (con uno de los bandos defendiendo el fascismo) y 38 desde que se acabaron 40 años de dictadura del bando ganador (fascista). Será quizás que no queremos mentar a la bicha para no invocarla?, será que no solo tenemos que parecer democráticos sino también serlo? Mi abuelo decía que las cosas nunca pasan hasta que pasan. Al tiempo